Yo tengo un Ferrari rojo
Con este gran clásico de los juegos de coches inauguramos una nueva sección de retroanálisis donde analizaremos los juegos antiguos más famosos del mundo de los videojuegos.
Antes de los polígonos, antes de las texturas en alta resolución, antes del HD, existían simplemente sprites y que a decir verdad poca gente prestaba atención. La gente se centraba en lo más importante:
la diversión. En un tiempo en el que SEGA triunfaba con títulos de velocidad como
Monaco GP y
Turbo, llegó el ahora famoso
Yu Suzuki ("Hang-On, After Burner, Virtua Fighter, Space Harrier") y junto a su grupo de programación creo el motor del famoso
Super Hang-On. Aunque el éxito del juego fue rotundo, no fue hasta que utilizando el mismo motor de juego creó Outrun, entonces fue cuando Suzuki alcanzó el reconocimiento merecido.
Suzuki siempre fue un enamorado de los Ferrari y quería traspasar esa admiración a una experiencia de juego sin igual. Entonces lo que hizo fue poner a los jugadores a los mandos de un
Ferrari Testarossa junto a una simpática rubia, que nos echaba verdaderas broncas si teníamos accidentes en la carrera. El juego planteaba una sencilla mecánica, en la que empezábamos en un escenario costero y desde entonces nuestro objetivo era llegar a la meta cruzando todo el país, pero teniendo en cuenta el reloj. A decir verdad nos recordaba un poco al argumento de
Los locos de la Cannon Ball, en la que varios corredores recorrían toda pastilla todo EEUU hasta llegar a la meta.
El juego gráficamente era impecable, y sobre todo teniendo en cuenta que era el año 1986 cuando se lanzó a los arcades. Unos
escenarios preciosistas que hacían volar nuestra imaginación, creyendo que nos podíamos salir de las carreteras marcadas, preguntándonos que habría detrás de esas montañas que había de fondo. Evidentemente todo eran planos de scroll, pero a decir verdad nos parecían escenarios muchísimo más vivos que muchos juegos de ahora. Además los
escenarios eran muy variados, recorriendo ruinas, una ciudad costera, prados llenos de flores, desiertos, etc.
Otro apartado realmente memorable era el sonoro, ya que las melodías como
Splash Wave, Magical Sound Shower o Passing Breeze las tarareamos tanto que han quedado grabadas a fuego en nuestras mentes. Estas melodías las elegíamos antes de comenzar la carrera "sintonizándolas" en la radio del coche.
En el apartado jugable todo era realmente sencillo: correr todo lo deprisa que pudieses sin estrellarte para llegar al siguiente
Checkpoint. Pero no todo era lineal, ya que al terminar cada escenario nos encontrábamos con una ramificación pudiendo elegir que camino seguir. De este modo elegíamos nuestra propia ruta para llegar a un final distinto, teniendo
5 finales diferentes. La verdad es que el juego no era nada sencillo, sobre todo en su versión arcade ya que entre la velocidad vertiginosa y las curvas imposibles, teníamos que estar concentrados al cien por cien en la carretera.
En general, Outrun es un auténtico juegazo que resiste el paso del tiempo como ninguno y al que siempre apetece echarse una partidilla. Así que desempolva tu vieja Mega Drive o utiliza algún emulador para rejugar esta
auténtica joya.
>>by
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