En 1095 el Papa Urbano II, en el Concilio de Clermont, exhortó a los cristianos a conquistar Jerusalén. La predicación de Urbano II puso en marcha las campañas militares que cambiarían la Tierra Santa para siempre. En 1096 comenzó la llamada Cruzada de los Príncipes. Devotos de todos los rincones de Europa se unieron para conquistar la Tierra Santa, guiados por nobles y Cruzados.