Para ser piloto de combate en la actualidad hay que tener unos reflejos sobrenaturales, una visión milimétrica sin ningún rastro de miopía o hipermetropía, y una fuerza sobrehumana para soportar las ges que se generan al hacer maniobras con el caza (cada g multiplica la fuerza de la gravedad que hay sobre nosotros por ese número, por lo que llegamos a pesar seicientos kilos).
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