Como mercenario que eres, te vendes al mejor postor. El que mejor paga es tu jefe. Pero el que te ha pagado resulta ser un perro pragmático que no quiere que nadie conozca lo que has hecho por él. Así que... toca matarte. Pero tú eres bueno y hábil, así que consigues huir... pero con una bala en el trasero. Tendrás que vengarte, claro, y mientras tanto, seguir ejerciendo de mercenario. La vida, que es muy dura...